domingo, 11 de enero de 2009

Solitaria soledad

Sin mucho que hacer, esta calurosa tarde de domingo, me puse a escuchar algunos discos de Atahualpa Yupanqui, aquel gigante del folklore argentino. La verdad es que me gustan todas sus composiciones, pero tengo una inclinación especial por sus discos de las décadas del '40 y del '50, como "El álbum de oro" (1947) o "El camino del indio" (1957).
El primero de esos discos se cierra con la canción "Cruz del sur". Resulta algo curioso -por lo menos para mí, que desconozco los pormenores de la composición de aquella canción- que Yupanqui pusiera ese título a una canción que habla de la soledad y de la finitud de la existencia humana. Mejor dicho, de la poderosa angustia que produce la conciencia del fin, tanto más profunda cuanto mayor la soledad de la persona. Acaso con ese título Yupanqui evocaba alguna noche de cielo estrellado, contemplando en silencio esa belleza cósmica que está vedada a los habitantes de las ciudades. No lo sé. Pero no deja de parecerme curioso también que, si la "Cruz del sur" sólo puede verse durante la noche, la figura que Yupanqui utiliza para representar la soledad (la sombra) está más bien asociada al día, al dominio del sol sobre las otras estrellas, a la momentánea victoria del día sobre la noche.
Sea como sea, "Cruz del sur" es una de esas piezas que logran transmitir de una manera conmovedora no ya la idea de la soledad, sino la sensación de soledad. Millares de artistas se ocuparon de representar, en diversas formas, esa situación en la que el hombre se encuentra en el umbral de la existencia. Si la soledad da al hombre conciencia de su presencia en el mundo, al mismo tiempo lo pone -al menos en su forma más extrema- frente al riesgo de su desaparición en tanto que individuo, al no ser ya reconocido por otras personas en relación a las cuales elabora esa individualidad. La soledad hace y deshace al hombre. Lo crea, como sucede en la soledad del artista; lo destruye, como ocurre en la soledad de un adicto.
No sé si Yupanqui pretendió abordar la cuestión de la soledad siguiendo una perspectiva semejante, tratando de responder las mismas preguntas. Pero sí podemos suponer que una de las reflexiones que dieron origen a la letra de "Cruz del sur" puede resumirse en la siguiente pregunta: ¿de qué forma representar una situación de extrema y, sobre todo, dolorosa soledad? En la respuesta que encontró se muestra bien el genio de Yupanqui.
Las figuras principales de "Cruz del sur" son dos: el hombre que canta sus versos y... su sombra. Nada más. ¿Qué forma más profunda de soledad que esa en la que un hombre contempla en su propia sombra su mejor y única compañía? ¿Hay una forma más cruda de soledad que aquella en la que un hombre ve a su sombra como otro ser, otro ser por cuyo destino futuro se preocupa cuando ese hombre termine su existencia? La primera estrofa de la canción es de una potencia abrumadora. "A veces sigo a mi sombra, a veces viene detrás". Nos muestra allí Yupanqui a un hombre que transita el espacio observando el lugar que ocupa su sombra mientras lo acompaña en un viaje solitario. Y en ese trayecto, el protagonista de la canción se pregunta, mostrándonos que ese hombre está tan solo en el mundo que no se pregunta por lo que sucederá con otras personas tras su muerte -su esposa, sus hijos, sus hermanos, sus amigos-, sino por el unico dato observable de su existencia: su propia sombra (!). "Pobrecita", dice lamentándose por ella, "cuando [yo] muera, ¿con quién se irá?".
Sería un despropósito comentar, uno por uno, todos los versos de "Cruz del sur". Digamos, simplemente, que la letra que sigue a aquella primera estrofa no hace más que seguir cavando esa profunda soledad, sin dejar que quien escucha pierda la sensación de angustia que el autor busca transmitir. Quizás lo mejor sea transcribir la letra de la canción, porque me parece de una sencillez y una profundidad sinceramente conmovedoras:

"Cruz del sur"

A veces sigo a mi sombra,
a veces viene detrás.
Pobrecita,
cuando muera,
¿con quién se irá?

No es que se vuelque mi vino,
lo derramo de intención:
mi sombra bebe y la vida
es de los dos.

Achatadita y callada,
nunca se podrá encontrar,
una sombra compañera
que sufra igual.

Sombrita cuídame mucho,
lo que tenga que dejar,
cuando me moje hasta adentro
la oscuridad.

A veces sigo a mi sombra,
a veces viene detrás.
Pobrecita,
cuando muera,
¿con quién se irá?

1 comentario:

Anónimo dijo...

hola, queria invitarte a que agregues tu blog a Argentino.com.ar
es un directorio de webs de Argentina y nos gustaría que estuvieras.
saludos

Diego