Desde hace tiempo venía masticando la idea de hacer un blog. Si no lo había hecho hasta ahora era básicamente porque me daba algo de pereza tener que incorporar algo este espacio cada tanto. Además, siempre he sido -y lo sigo siendo- muy escéptico acerca de los blogs como expresiones cibernéticas de la esfera pública, como también de las cadenas de mails y peticiones virtuales, cuyos resultados que creo siempre nulos aunque participo de ellas.
Es cierto que a través de estos nuevos medios uno puede dar publicidad a sus ideas, esquivar los controles massmediáticos sobre la opinión y hasta encontrar un hobby que nos permita, a quienes somos completamente torpes con las manos, entretenernos con algo una lluviosa tarde de domingo. Me arriesgaría a pensar que en esto último está la utilidad de los blogs. Alcanza con pasearse algunas horas en internet para encontrar que las comunidades bloggeras tienen contornos bastante bien definidos y que en algunos casos llegan a ser bastante endogámicas. Siempre he tenido la impresión de que los blogs son algo así como los fanzines y volantes que circulan con prodigalidad en los ámbitos universitarios: sirven para convencen a los convencidos. De todas maneras, si mantener un blog es un entretenimiento, al menos es socialmente más productivo -cuánto, no lo se- que hacer lo mismo con un Tamagotchi de esos que circulaban hace unos años y que han desaparecido sin pena ni gloria. Con un poco de suerte, quizás ese entretenimiento se convierta en un punto para el encuentro con otros cibernautas y, con algo más de fortuna, para pensar y debatir junto a ellos. Ya veremos qué pasa.
Es cierto que a través de estos nuevos medios uno puede dar publicidad a sus ideas, esquivar los controles massmediáticos sobre la opinión y hasta encontrar un hobby que nos permita, a quienes somos completamente torpes con las manos, entretenernos con algo una lluviosa tarde de domingo. Me arriesgaría a pensar que en esto último está la utilidad de los blogs. Alcanza con pasearse algunas horas en internet para encontrar que las comunidades bloggeras tienen contornos bastante bien definidos y que en algunos casos llegan a ser bastante endogámicas. Siempre he tenido la impresión de que los blogs son algo así como los fanzines y volantes que circulan con prodigalidad en los ámbitos universitarios: sirven para convencen a los convencidos. De todas maneras, si mantener un blog es un entretenimiento, al menos es socialmente más productivo -cuánto, no lo se- que hacer lo mismo con un Tamagotchi de esos que circulaban hace unos años y que han desaparecido sin pena ni gloria. Con un poco de suerte, quizás ese entretenimiento se convierta en un punto para el encuentro con otros cibernautas y, con algo más de fortuna, para pensar y debatir junto a ellos. Ya veremos qué pasa.



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